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lunes, 22 de abril de 2013

Poesía - El Perdón de René François Armand Sully Prudhomme

A Poco que tu imagen reaparezca en mi alma,
me doy cuenta que sigues siendo tú la que más quiero.
Tú desolaste la aurora de mi juventud, y sin embargo,
quiero morir sin olvidar tus ojos;

y menos aun tu voz sonora y acariciante,
que penetraba en mi corazón entre todas las voces,
dejando mi pecho estremecido,
como una lira abandonada vibra aún por los dedos que la pulsaron.

Conozco a muchas cuyos labios son bellos,
cuya frente es perfecta, cuyo lenguaje es dulce.
Mis amigos te dirán que he cantado para ellas,
mi madre te dirá que he llorado por ti.

He llorado, pero mis lágrimas son ya menos frecuentes.
Entonces sollozaba, ahora suspiro.
Llegará luego la edad en que los ojos son mas avariciosos y
día llegará en que mi tristeza no sea más que tedio.

Sí, tengo miedo a odiarte cuando llegue a viejo por haber destrozado la flor de mi juventud.
¡Que siempre renazca tu imagen en mí y que yo perdone al alma, recordando tus ojos!

René François Armand Sully Prudhomme



Le Pardon

Pour peu que votre image en mon âme renaisse,
Je sens bien que c'est vous que j'aime encor le mieux.
Vous avez désolé l'aube de ma jeunesse,
Je veux pourtant mourir sans oublier vos yeux,

Ni votre voix surtout, sonore et caressante,
Qui pénétrait mon cœur entre toutes les voix,
Et longtemps ma poitrine en restait frémissante
Comme un luth solitaire encore ému des doigts.

Ah ! j'en connais beaucoup dont les lèvres sont belles,
Dont le front est parfait, dont le langage est doux.
Mes amis vous diront que j'ai chanté pour elles,
Ma mère vous dira que j'ai pleuré pour vous.

J'ai pleuré, mais déjà mes larmes sont plus rares ;
Je sanglotais alors, je soupire aujourd'hui ;
Puis bientôt viendra l'âge où les yeux sont avares,
Et ma tristesse un jour ne sera plus qu'ennui.

Oui, pour avoir brisé la fleur de ma jeunesse,
J'ai peur de vous haïr quand je deviendrai vieux.
Que toujours votre image en mon âme renaisse !
Que je pardonne à l'âme au souvenir des yeux !


René François Armand Sully Prudhomme

domingo, 24 de marzo de 2013

Poesía - La mancha de púrpura de Ramón López Velarde

La poesía de Ramón López Velarde(RLV) es un descubrimiento reciente para mi. El estilo de los poemas que leí, exhiben una carga emotiva tremenda con una tendencia marcada hacia la melancolía.
En particular me gustó mucho La mancha de púrpura. En este enlace, podrán encontrar más poemas del mismo autor Mexicano.
He añadido un pequeño glosario para perplejos al final.


La mancha de púrpura

Me impongo la costosa penitencia 
de no mirarte en días y días, porque mis ojos 
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia 
como si naufragasen en un golfo de púrpura, 
de melodía y de vehemencia.

Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles... Yo sufro 
tu eclipse, ¡oh creatura solar!, mas en mi duelo 
el afán de mirarte se dilata 
como una profecía; se descorre cual velo 
paulatino; se acendra como miel; se aquilata 
como la entraña de las piedras finas; 
y se aguza como el llavín 
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada 
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo 
de adorarte furtivamente, de cortejarte 
más allá de la sombra, de bajarse el embozo 
una vez por semana, y exponer las pupilas, 
en un minuto fraudulento, 
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo; 
te acecho entre dormidos y tupidos follajes, 
como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes 
por la espesura, traigo a mi aislamiento 
el más fúlgido de los plumajes: 
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.


Ramón López Velarde


Glosario para perplejos

anegar.  (Del lat. enecāre, matar).
1. tr. inundar (‖ de agua). U. t. c. prnl. U. t. en sent. fig.
2. tr. Ahogar a alguien sumergiéndolo en el agua. U. m. c. prnl. U. t. en sent. fig. Anegarse en llanto.
3. tr. p. us. Abrumar, agobiar, molestar.
4. prnl. naufragar (‖ irse a pique).

vehemente.  (Del lat. vehĕmens, -entis).
1. adj. Que tiene una fuerza impetuosa. Un discurso vehemente.
2. adj. Ardiente y lleno de pasión.
3. adj. Dicho de una persona: Que obra de forma irreflexiva, dejándose llevar por los impulsos.

descorrer.  
1. tr. Dicho de una persona: Volver a correr el espacio que antes había corrido.
2. tr. Plegar o reunir lo que estaba antes estirado, como las cortinas, el lienzo, etc.
3. intr. Dicho de una cosa líquida: Correr o escurrir. U. t. c. prnl.

acendrar.  (De cendrar).
1. tr. Depurar, purificar en la cendra los metales preciosos por la acción del fuego.
2. tr. Depurar, purificar, limpiar, dejar sin mancha ni defecto.

aquilatar.  
1. tr. Examinar y graduar los quilates del oro y de las perlas y piedras preciosas.
2. tr. Examinar y apreciar debidamente el mérito de alguien o el mérito o verdad de algo.
3. tr. apurar (‖ purificar).

aguzar.  (Del lat. *acutiāre, de acūtus, agudo).
1. tr. Hacer o sacar punta a un arma u otra cosa, o adelgazar la que ya tienen.
2. tr. Sacar filo.
3. tr. aguijar (‖ estimular, incitar).
4. tr. Preparar los dientes, las garras, etc., disponiéndose a comer o despedazar.
5. tr. Despabilar, afinar, forzar el entendimiento o un sentido, para que preste más atención o se haga más perspicaz.
6. tr. ant. Hacer aguda una sílaba.

llavín.  
1. m. Llave pequeña.
2. m. Cuba. cerradura (‖ mecanismo para cerrar).

embozo.  
1. m. Doblez de la sábana de la cama por la parte que toca al rostro.
2. m. Parte de la capa, banda u otra cosa con que se cubre el rostro.
3. m. Tira de lana, seda u otra tela con que se guarnece interiormente desde el cuello abajo los lados de la capa. U. m. en pl.
4. m. Prenda de vestir, o parte de ella, con que se cubre el rostro.
5. m. Recato artificioso con que se dice o hace algo.
quitarse alguien el ~.
1. loc. verb. coloq. Descubrir y manifestar la intención que antes ocultaba.

fúlgido, da.  (Del lat. fulgĭdus).
1. adj. Brillante, resplandeciente.

viernes, 22 de marzo de 2013

Poesía - 16 de Oliverio Girondo

Iniciando la serie de publicaciones en español, traigo este poema de Oliverio Girondo, un poeta argentino que maneja muy buen estilo. El poema se llama 16


16
A unos les gusta el alpinismo. A otros les entretiene el dominó. A mí me encanta la transmigración.

Mientras aquéllos se pasan la vida colgados de una soga o pegando puñetazos sobre una mesa, yo me lo paso transmigrando de un cuerpo a otro, yo no me canso nunca de transmigrar.

Desde el amanecer, me instalo en algún eucalipto a respirar la brisa de la mañana. Duermo una siesta mineral, dentro de la primera piedra que hallo en mi camino, y antes de anochecer ya estoy pensando la noche y las chimeneas con un espíritu de gato.

¡Qué delicia la de metamorfosearse en abejorro, la de sorber el polen de las rosas! ¡Qué voluptuosidad la de ser tierra, la de sentirse penetrado de tubérculos, de raíces, de una vida latente que nos fecunda... y nos hace cosquillas!

Para apreciar el jamón ¿no es indispensable ser chancho? Quien no logre transformarse en caballo ¿podrá saborear el gusto de los valles y darse cuenta de lo que significa “tirar el carro”?...

Poseer una virgen es muy distinto a experimentar las sensaciones de la virgen mientras la estamos poseyendo, y una cosa es mirar el mar desde la playa, otra contemplarlo con unos ojos de cangrejo.

Por eso a mí me gusta meterme en las vidas ajenas, vivir todas sus secreciones, todas sus esperanzas, sus buenos y sus malos humores.

Por eso a mí me gusta rumiar la pampa y el crepúsculo personificado en una vaca, sentir la gravitación y los ramajes con un cerebro de nuez o de castaña, arrodillarme en pleno campo, para cantarle con una voz de sapo a las estrellas.

¡Ah, el encanto de haber sido camello, zanahoria, manzana, y la satisfacción de comprender, a fondo, la pereza de los remansos.... y de los camaleones!...

¡Pensar que durante toda su existencia, la mayoría de los hombres no han sido ni siquiera mujer!... ¿Cómo es posible que no se aburran de sus apetitos, de sus espasmos y que no necesiten experimentar, de vez en cuando, los de las cucarachas... los de las madreselvas?

Aunque me he puesto, muchas veces, un cerebro de imbécil, jamás he comprendido que se pueda vivir, eternamente, con un mismo esqueleto y un mismo sexo.

Cuando la vida es demasiado humana —¡únicamente humana!— el mecanismo de pensar ¿no resulta una enfermedad más larga y más aburrida que cualquier otra?

Yo, al menos, tengo la certidumbre que no hubiera podido soportarla sin esa aptitud de evasión, que me permite trasladarme adonde yo no estoy: ser hormiga, jirafa, poner un huevo, y lo que es más importante aún, encontrarme conmigo mismo en el momento en que me había olvidado, casi completamente, de mi propia existencia.

Oliverio Girondo